Conocida sobre todo por su castillo, Vimianzo, en plena Costa da Morte, atesora además muchos otros elementos que visitamos en La Ruta “Os Segredos do Val de Vimianzo”.
Caminamos siguiendo las señales verdes de la ruta y enseguida encontramos muestras del arte popular como cruces, lavaderos y hórreos varios.
Que nos van llevando hacia El Campo de Tedín y Prado da Cruz en donde encontramos varios Petroglifos descubiertos no hace mucho.
Vamos ascendiendo paulatinamente contemplando la vegetación y las curiosas formas de las rocas que jalonan el camino.
Para arribar al enclave en donde se encuentra La Cruz de Loureiro, enigmática cruz de piedra de 2,26 m, de origen desconocido, aunque la leyenda afirma que marcaba el emplazamiento en donde fueron ejecutados los líderes de La Revuelta Irmandiña.
Se encuentra sobre una gran roca y preside un sitio de gran belleza, que supone todo un mirador natural sobre O Val de Vimianzo.
A su alrededor varias formaciones rocosas con historia. Algunas de ellas nos muestran también vestigios del arte de nuestros antepasados.
Nos fijamos especialmente en una que parecía hendida a la mitad en la que destacaba una cruz perfectamente grabada y que posiblemente sea una “Cruz de Termo” para delimitar territorios.
A pocos metros, en O Prado Vello de Arriba, nos esperaba una curiosa roca en donde recientemente se descubrieron nuevos petroglifos.
Al igual que enSomontemio.
En seguida estábamos ante El Pazo de Trasouteiro fundado en el S. XVII por La Familia Aguiar, llegada de Tierras de Burón para trabajar en El Castillo de Vimianzo. Lo acompañan palomares, La Capilla Neoclásica de Nuestra Señora de La Concepción, unas casas que fueron Escuelas Pías y un esbelto Cruceiro.
No pasamos por alto la fuente que allí mana. En ella llaman la atención las caras esculpidas así como distintos escudos.
Continúa su periplo el caminante cruzando las aguas del Regato de Trasouteiro y adentrándose en bonitas corredoiras de muros musgosos.
Que nos llevan ante La Alvariza de Sansobre realizada, como muchas otras, para proteger las colmenas en donde las abejas puedan producir la rica miel.
La ruta nos lleva a través de la localidad de Sansobre que nos recibe con sus construcciones y hórreos de piedra, algunos con muestras de añorar el tiempo en donde guardaban los preciados frutos de las cosechas.
En seguida tomamos contacto con El arroyo de Cubes al que encontramos rodeado por exuberante vegetación.
Lo cruzamos por diversos puentes y a lo largo de su curso nos va ofreciendo un bonito espectáculo con pequeñas cascadas.
La Casa de Rasamonde en el lugar del mismo nombre ofrece al visitante su belleza decadente. Destacamos su escudo con blasones de diversas familias importantes como Los Montenegro, Los Caamaño y los Riobóo.
Se encuentra acompañada de varios hórreos y lavaderos de piedra.
En seguida nos encontramos delante de La Iglesia de Cambeda con elementos románicos, barrocos, neoclásicos y una torre de 12 metros. A su vera languidece uno de los grandes hórreos de Galicia, de 22,70 m de largo ahora con el techo medio derruido.
Y sin dilación nos dirigimos al encuentro del Río Cambeda. Sorteamos sus aguas que bajan cristalinas y sonoras entre helechos y alisos, por un puente de madera al efecto.
Y ya, en una y otra orilla, nos topamos con una serie de molinos en distinto estado de conservación pero que nos hablan de la actividad que antaño tenía lugar entre sus paredes.
Hoy en día sus muros y tejados sufren y resisten los embates del tiempo y del abandono pero sabemos que en otros tiempos eran el centro neurálgico de muchas comunidades.
El agua nos acompaña
canturreando su sinfonía por entre las rocas del río. A veces tiene que superar
algún desnivel en su lecho.
Y esos pequeños saltos van animando el paisaje y el alma del caminante con explosiones acuosas de alegría.
Como la ruinosa silueta de La Fábrica de Luz que surge ante los ojos atónitos de los caminantes. Una rústica central que proporcionó la primera luz eléctrica a lugares como Ogas o Sanfíns.
El río continúa con su función de sonidos, salpicaduras, recovecos y saltos a cada cual más bonito.
Y en donde encontramos, para mí, la cascada más bonita y asequible de este recorrido, La Cascada Del Pozo Negro. Allí, el corazón del montañero, embelesado, hace silencio para escuchar solamente el sonido del agua que por allí se desliza.
Con el alma llena el caminante transita de nuevo entre cruces, hórreos y molinos varios.
Y un viejo sendero por el que caminamos lenta y sosegadamente bajo el aroma de las manzanas otoñales.
Para a continuación introducirnos en el casco urbano de Vimianzo. Así llegaremos hasta El Pazo de Trasariz que destaca por su pórtico de ocho arcos, apoyados en columnas por chapiteles Dóricos. También son de admirar la solana de columnas de Estilo Jónico así como las grandes chimeneas.
De allí nos dirigimos hacia El Castillo De Vimianzo, conjunto monumental de estructura poligonal con cuatro torres y un patio de armas construido entre finales del S. XII y comienzos del XIII por orden de La Familia Mariño, que dominaba Las Tierras de Vimianzo y Cambeda en época medieval.
Declarado Bien de Interés Cultural en 1994 cuenta también con murallas y un foso sobre el que se tiende un puente, otrora levadizo. Actualmente funciona como Museo y Centro de Actividades Culturales.
Y constituye la guinda del pastel de esta ruta tan variada y llena de encantadores secretos.
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