lunes, 12 de marzo de 2018

Paseo Por El Parque Europa, Torrejón De Ardoz, Madrid

Si visitáis El Parque Europa en Torrejón de Ardoz, Madrid, encontraréis réplicas a escala de diferentes monumentos o esculturas de países de Europa.
Nosotros iniciamos el recorrido con La Torre de Belén, de Lisboa, Portugal. Está rodeada de un pequeño lago habilitado para la navegación de los más peques de la familia. 
A continuación encontraréis la majestuosa Puerta de Alcalá de Madrid. 
Seguro que os va a gustar La Plaza de Las Tinajas.
Y también El Atomium.


Y esta Diversión En La Granja.
Justo antes de encontraros con El Mannequen Pis.
Al paso os irán saliendo numerosos templetes como este.
Allá en la lejanía divisamos nada menos que La Torre Eiffel de París.
Y, claro, nos acercamos a contemplarla más de cerca.
No faltan los jardines de setos con formas sinuosas.
Que nos conducen delante del mismísimo David de Miguel Ángel.
¿Reconocéis esta imponente fuente?
Síii, Es La Fontana de Trevi, de Roma.
La podéis observar desde distintos ángulos.
Incluso con La Tour Eiffel en la lontananza.
A medida que paseamos nos vamos sintiendo vigilados y al mismo tiempo protegidos por los seres que aquí moran.
¿Y qué me decís de esta preciosa cascada?
Todo un sinfín de sonido y color.
Se puede caminar por detrás y tomar nuevas perspectivas.
Podéis subir algunas escaleritas.
Que os llevarán hasta aquí.
¡Fijaos en el agua saliendo de la boca de la embarcación vikinga!
Realmente emocionante esta estampa con las banderas de toda Europa como telón de fondo.
¡Este olivo está muy bien custodiado!
Y muy cerquita desfila la familia elefante con sus formas vegetales.
¿Y qué es lo que se esconde aquí detrás?
Pues nada más y nada menos que El Puente de Londres.
En un precioso entorno con lago incluido.
Que cuenta en sus inmediaciones con un Templo Griego que alberga La Victoria de Samotracia.
Más escaleritas que nos conducen a un mirador y una tirolina para los más valientes.
No dejéis atrás la impresionante Puerta de Brandeburgo.
Y acercaos también hasta los simpáticos molinos holandeses.
Indudablemente nos dejamos miles de sensaciones en el tintero. Algo que sólo podrás descubrir si te acercas por allí.
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lunes, 5 de marzo de 2018

Porta Do Mezio Y Ribeiro De Vilela en Arcos De Valdevez, Portugal

Ayer nuestros pasos nos llevaron sobre esta maravilla de pontón.
Para ello nos acercamos hasta “A Porta do Mezio”, una de las cinco puertas del Parque Nacional da Peneda Gerês, en donde hay numerosos vestigios arqueológicos como esta Anta do Mezio que nos da la bienvenida.
Seguimos la ruta conocida ahora como PR13 AVV Trilho da Ribeira de Vilela que nos encantó de comienzo a fin. 
Es de pequeño recorrido y señalizada en amarillo y rojo como es habitual en Portugal, ya que transcurre por tierras de Arcos de Valdevez.
En los primeros km caminamos en espacios de vastas extensiones con las lejanas montañas y el cielo azul como horizonte.
Algo más adelante podemos ir apreciando pueblitos aquí y allá y las fincas con los característicos socalcos de estos parajes. 
Y enseguida comenzamos a vernos entre senderos delimitados por piedras.
Tanto a los lados como en el suelo.
Nos acompañan algunos ejemplares de caballos salvajes que ponen la nota dinámica en el paisaje.
También encontramos numerosas pontellas sobre pequeños arroyos que sintetizan la soltura de nuestros antepasados para sortearlos. 
Algunas "carballeiras" surgían a nuestro paso. Sus troncos retorcidos y sus ramas todavía despojadas de sus ropajes, parecían fantasmales espectros a nuestro acecho.
En lugares que realmente parecían escenarios de un cuento.
El agua también tiene una importante presencia en esta ruta, pues a los pequeños arroyos ya mencionados, se une el río, o Ribeiro Vilela que nos recibió con el estruendo de sus rápidos.
Acompañándonos en nuestro paseo.
Deslizándose alocadamente bajo “A ponte do Galego”.
Ofreciéndonos un espectáculo impresionante.
Momento emocionante el vivido al atravesarlo sobre unos improvisados pasos que no son sino simples piedras en su lecho.
Elementos que nos recuerdan el pasado no muy lejano como los chozos o refugios de pastor con la pátina del tiempo sobre sus pétreas paredes.
Pasamos cerca de Bostelinhos un lugar que parece anclado en una época pasada.
Y muy cerquita las aguas del Vilela rugían frenéticas en una blanquiazul sinfonía de sonidos.
Y de nuevo vuelta al colorido verde del musgo brillante en los muros.
De sendas de suelos tapizados de mullidas alfombras.
O empedrados irregulares, rudos y resistentes pero llenos de encanto.
A las fincas cultivadas y de bien delimitados límites.
Al dulce deslizar frenético de los regatos.
A los pontones providenciales sobre ellos.
En algún momento acompañados de fuentes para mitigar la sed.
Viejas casas de piedra, algunas ya ruinosas sus fachadas, nos ven pasar con nostalgia.
No faltan los hórreos o espigueiros en diferentes estados de conservación.
Algunos en solitario y otros en lo que fueron “eiras comunitarias” ahora ya en desuso.
Una ruta por la que desplazarse despacio paseando la vista por cada detalle.
Y que nos lleva a pensar que la naturaleza, acompañada o no de la mano artística del hombre, es bella en cualquiera de sus manifestaciones.
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