lunes, 4 de mayo de 2015

Paseo Por La Fraga De Catasós O Carballeira De Quiroga

La ruta que contamos en esta ocasión en El Blog Grupo de Andainas Rías Baixas tiene su punto de inicio y final en Catasós.
Comenzamos al pie mismo de la Iglesia de Santiago. Reconstruída en el S. XVIII, posee un retablo barroco y está dedicada a Santiago Apóstol que preside su fachada.
En nuestro paseo tomaremos contacto con vestigios de antiguas civilizaciones que poblaron estos parajes, como en el Castro del cual todavía podemos ver la muralla y el foso que defendían su recinto.
Pero lo que más destaca en esta caminata es la gran variedad de árboles autóctonos y centenarios, que hacen famosa a esta zona del concello de Lalín.
Sobresalen los ejemplares de castaños gigantes que te vas encontrando a un lado y otro del camino o formando maravillosos soutos en donde parece que el tiempo se detiene.
Encontramos también árboles con formas curiosas.
 ¿Y qué decir de la Fraga de Catasós? Castaños, robles, sauces, alisos, abedules, alcornoques y muchos más conviven en este  precioso lugar por el cual da gusto caminar.
También es conocida como Carballeira de Quiroga, y está declarada Monumento Natural desde el año 2000. La verdad que en ella encontramos ejemplares de robles antiquísimos y enormes que proporcionan su sombra al caminante y mantienen la senda alfombrada de cruijientes hojas secas.
El senderista pasea lentamente por este lugar admirando la vegetación y también muestras de la arquitectura popular como este magnífico hórreo.
El regato de Quintela, que por allí transcurre, contribuye con sus aguas a mantener la belleza del entorno.
En sus orillas las bonitas figuras de varios molinos descansan ahora de su actividad de antaño.
Como veis es una ruta cortita pero que os llevará a conocer un emblemático lugar en donde disfrutar plenamente con toda la familia.

lunes, 27 de abril de 2015

De Punta Nariga Al Faro De O Roncudo, "O Camiño Dos Faros"

En este mes de abril los senderistas del Blog Grupo de Andainas Rías Baixas recorrieron una etapa más de la ruta conocida como “O Camiño dos Faros”.
Como sabéis es una ruta de senderismo que, en algo más de 200 km recorre el litoral de la Costa da Morte desde Malpica hasta Fisterra. El recorrido oficial se divide en 8 etapas con unos puntos concretos de inicio y de final, pero nosotros vamos adaptando el itinerario y pretendemos ir realizándolo en jornadas que no superen los 20 km de duración.
En la primera de nuestras etapas habíamos terminado en el Faro de Punta Nariga y es ahí de donde partimos en esta segunda. Impresionante como siempre tanto el faro como todo el fantástico paisaje, casi encantado, a su alrededor.
Y nos disponemos a caminar por un lugar realmente privilegiado. Ya desde el primer momento nos va emocionando todo lo que vemos y, sobre todo, la presencia constante del mar.
Si te das la vuelta, durante gran parte de este primer tramo verás la silueta inconfundible del faro construído por César Portela, allá, ocultándose en la nieblina de la lejanía.
La primavera también se suma a la caminata y se convierte en nuestra compañera. Flores azules, amarillas, rosadas..., nos asaltan por doquier formando un  decorado colorido para nuestro andar.
¿Y qué decir de la belleza salvaje de los acantilados que nos vamos encontrando y en donde los pescadores se atreven a desafiar la fuerza de la naturaleza? ¡Simplemente maravillosos!
Un primer momento de relax para el caminante lo constituye la llegada a la Playa de Niñóns y el poder pisar su blanca arena.
Allí mismo, no ignoréis la presencia de un viejo molino con su conducción de agua todavía funcionando.

Continuamos zigzagueado con el sendero y disfrutando de pequeñas calas y del espectáculo de las olas rompiendo sonoramente contra las rocas.
Pero por ser el camino bordeando la costa no os hagáis una falsa idea. No es para nada llano ni fácil, ya que al ser la costa muy recortada y acantilada, el trayecto se convierte en un continuo sube y baja que pone a prueba la condición física del senderista.
Os recuerdo que no está señalizada al uso de las rutas de pequeño o gran recorrido. Aquí, en O Camiño dos Faros, seremos guiados por flechitas verdes, pequeños piececitos verdes, y círculos de confirmación también verdes.
Si la marea os lo permite, a lo largo de la costa, podréis ir divisando diferentes cuevas excavadas por la acción de la fuerza del agua marina y que son una auténtica maravilla para la vista.
También nos encontraremos con recuerdos para la gente que perdió su vida sobre las aguas saladas del océano.
Impresionante de bonita la bajada hasta La Ensenada de A Barda, por el camino en sí, pendiente entre vegetación florida, y por el espectáculo visual desplegado ante el caminante.
Y continúa nuestro periplo por un tramo bastante exigente, subiendo y bajando y admirando la fantástica costa, de bonitas calas, con el batir de las olas como música de fondo.
Pasaremos de largo la Aldea de O Roncudo y el parque eólico a continuación. El senderista no puede menos que sentirse vigilado y acechado por esos gigantes zumbadores oteando desde sus atalayas.
Y después de un recorrido realmente emocionante, el ánimo del senderista siente una inyección de adrenalina al contemplar allá a lo lejos su punto de destino: El Faro de O Roncudo señalando la entrada de La Ría de Corme. A cada paso una nueva perspectiva, un  nuevo enfoque, pero siempre la belleza del sendero que pisamos, el faro y el mar.
 A su lado las dos cruces más conocidas de La Costa Da Morte.
O Camiño dos Faros, un paisaje en cada paso. ¿Y tú te lo vas a perder?
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lunes, 20 de abril de 2015

Las Médulas: Incomparable Paisaje De Cuento

En Las Médulas, paraje declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997, se encontraba, in illo tempore, la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio Romano.
La particular técnica de extracción, la ruina montium, que literalmente rompía la montaña, provocó el hermoso paisaje de cuento que los senderistas del Blog Grupo de Andainas Rías Baixas se encontraron cuando hasta allí se acercaron.
Ahora, lo que queda, son los restos de la actividad minera en aquellos lugares, invadidos de nuevo por La Madre Naturaleza, siempre sabia, y que nos proporciona uno de los paisajes más peculiares digno de ser visitado.
Nosotros comenzamos la ruta acercándonos primero hasta el Lago Somido, que durante la época de actividad minera era un canal de lavado. A su vera el área de Chao de Maseiros que antes de la dominación romana era un hermoso valle rellenado después por los desechos de la mina.
Ya en el pueblo, visitamos su bonita iglesia, dedicada a San Simón y San Judas.
Y, después, iniciamos un ligero ascenso entre castaños centenarios, de curiosas formas, algunos de los cuales estaban en lugares de difícil acceso, lo que me hizo pensar en lo árdua que tiene que ser la recogida de la castaña en el otoño.
Y casi sin querer llegamos al Mirador de Pedrices. Desde allí el paisaje que se observa es fantástico. Destacamos la característica silueta de los rojizos picos de Las Médulas y el pueblo a sus pies.
Continuamos nuestro paseo y accedemos a una zona en la que el sendero se estrecha y va tomando cada vez más altura. A lo lejos, podemos ver pueblitos en la lejanía, salpicando las montañas que divisamos a nuestras espaldas.
La primavera sale a nuestro encuentro y nos vemos rodeados de las suaves tonalidades verdes y rosáceas del brezo y otros arbustos.
Una vez en El Mirador de Reirigos, bien en lo alto, disfrutamos una vez más de los pináculos rojizos tan peculiares y que son el motivo por el cual nos encontramos allí. ¡No hay espectáculo igual!
Y no dudamos en atrevernos a caminar por una estrecha senda pegada a la pared de la montaña en donde encontramos pequeñas cuevas excavadas y llenas de encanto.
La senda, sinuosa, va serpeando por la montaña y es una delicia poder caminar por ella, en un paisaje sin par, totalmente diferente al que estábamos acostrumbrados.
Y arribamos por fin, al Mirador de Orellán. Allí, más caminantes se encontraban contemplando la maravilla dejada por la acción de la mano del hombre completada por la Naturaleza. Un paisaje único y especial.
También había quienes se adentraban en las cuevas y se asomaban al balcón natural sobre el abismo. Nosotros preferimos contemplarlas desde el exterior.

Después de un rato nos tocó ir descendiendo. Y lo hacemos por una senda realmente espectacular. Un auténtico bosque encantado. A un lado y a otro hayas y castaños centenarios de  troncos sugerentes, casi humanos, nos acompañan y proporcionan una sombra que el senderista agradece.
Siempre rodeados de maravillas seguimos adelante y nos volvemos a encontrar la tierra rojiza que tanto admiramos. Sobre nosotros se yerguen silenciosos vigilantes de nuestros pasos.
Gigantes colorados testigos de mil y una aventuras nos contemplan.
Y algo más adelante la herida abierta de La Cuevona, la galería de mayor altura, nos permite adentrarnos en el interior de su imponente oquedad.
¿Y qué decir de La Encantada? ¡Simplemente fascinante! Debe su nombre a la luminosidad que se refleja en sus coloradas paredes y que es producida por la luz que penetra en ella a través de una abertura en su parte superior.
Y ya nos decidimos a regresar al punto de inicio. El sendero que nos llevó hasta allí contribuyó a reforzar nuestra idea de que realmente estábamos caminando por un lugar mágico e insuperable.
En donde cada rincón nos parece más espectacular que el anterior. En donde cada recodo del camino te ofrece una nueva perspectiva. Algo que no te cansas de mirar y admirar. ¡No te lo puedes perder!