miércoles, 11 de abril de 2018

Por Celanova Y Vilanova Dos Infantes, Ourense


Esta imponente Torre de Vilanova dos Infantes, Ourense, es una de los protagonistas de la ruta que os describimos hoy en El Blog Grupo de Andainas Rías Baixas.
Primeramente nos acercamos hasta Celanova de donde salimos al pie del Monasterio de San Rosendo.
De estilo barroco, y construido en el S. X por el propio San Rosendo, a lo largo de su historia tuvo diversos usos y actualmente acoge dependencias del ayuntamiento, un instituto y la biblioteca.
Paulatinamente iremos ascendiendo, oteando el lugar desde diversos emplazamientos y sobre todo llegados al paraje en donde se encuentra un área recreativa coronada con un cruceiro.
Nubes oscuras cubrían el cielo poniendo en el alma de los senderistas el temor a una jornada con lluvia.
Sin embargo continuamos ascendiendo alegrados por un telón de fondo azulado.
Que poniendo alas a nuestros pies nos lleva delante de este cuadro.
Se trata de una recreación de cómo podría haber sido un poblado castreño.
Allí, en pleno monte, con las nubes viajeras como únicas visitantes.
Desde allí divisábamos ya, en una colina no muy lejana, el auténtico Castro de Castromao.
Caminando por aquí accederemos fácilmente.
Y lo encontramos tranquilo y solitario esperando a quien lo despierte de un sueño de siglos.
En un estratégico emplazamiento, se trata de uno de los yacimientos arqueológicos que mejor nos muestra lo que pudo haber sido la cultura castreña.
Si os acercáis hasta allí veréis también muestras de la convivencia con la romanización lo que se aprecia en la forma de las edificaciones.
 A continuación iremos caminando entre zonas boscosas que nos acercan y alejan de lugares habitados.
La vegetación es también variada con robles, laureles y otros, incluso mimosas.
Llegamos por fin a Vilanova dos Infantes en donde nos salió al paso la silueta de La Iglesia de San Salvador.
Desde allí obtenemos una clara visión de esta antigua localidad.
En donde como veis destaca la belleza de su Torre de Homenaje.
Pertenecía a una fortaleza que fue derribada cuando La Rebelión Irmandiña.
Nos gustó mucho lo cuidado que está todo el entorno con muchos detalles que gustan al visitante.
En el camino de vuelta a Celanova decidimos acercarnos hasta El Santuario de A Virxe do Cristal. Famoso por haber albergado una miniatura de La Virgen metida en un bloque elíptico sin soldaduras, del cual no se sabe su origen, y que inspiró el famoso poema de Curros Enríquez.
Infelizmente no se puede seguir investigando pues ha desaparecido por obra de los amigos de lo ajeno.
Por cierto que, callejeando por “ese lugar onde o mundo se chama Celanova”, conocimos las casas familiares del propio Curros Enríquez y de Celso Emilio Ferreiro. Cercanos un cruceiro y un lavadero de piedra con sus fuentes.
Sin duda una ruta llena de emocionante, histórico y literario contenido.
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sábado, 7 de abril de 2018

¡Superadas Las 275.500 Visitas! ¡Muchas Gracias!

No queremos dejar pasar la ocasión de agradecer a nuestros lectores y amigos su fidelidad con nuestro blog de caminatas, Grupo de Andainas Rías Baixas.
¡Es por vosotros que hemos superado 275.500 visitas! ¡Muchas Gracias por estar ahí! Merci beaucoup! Thank you! Moitas grazas! Moito obrigada! Danke Shön! Grazie Mille!
Camino despacio, 
con calma, con el alma... 
Sin prisa por llegar...
Eu caminho devagar, 
com calma, com a alma....          Sem pressa de chegar...

lunes, 2 de abril de 2018

Por Pontevea, Burga De Xermeade, Río Ulla Y Pasarela Mariola

El fantástico Puente de Pontevea sobre El Río Ulla es uno de los protagonistas de nuestra caminata.
Hace de frontera entre las provincias de Pontevedra y A Coruña, y a finales del 2017 fue declarado Bien de Interés Cultural.
Es medieval, aunque con muchas reformas posteriores, y muestra tres arcos semicirculares y otros tres ligeramente apuntados.
Los senderistas del Blog Grupo de Andainas Rías Baixas dimos inicio a nuestro paseo al lado mismo del puente en donde vislumbramos también una capilla con encanto.
Y allá nos fuimos caminando pegaditos al Río Ulla en una mañana brumosa y fría.
En busca de La Burga de Xermeade, un brote de agua termal, sulfurosa, muy apreciada antiguamente.
Que nosotros tuvimos en exclusiva.
Y la encontramos en un entorno muy cuidado y acondicionado para pasar buenos momentos en familia, a solas, en grupo...
Siempre acompañados, eso sí, por el runrún del río que nos mostraba un caudal pleno y sonoro.
Desandamos camino y nuestros pasos nos llevan ahora por el otro lado del puente en donde además de la vegetación propia de ribera nos encontramos otros ejemplares autóctonos.
Una vez abandonado el río, os sorprenderá, como a nosotros, la presencia de algún banco para el descanso del caminante y hasta una farola en pleno monte en medio de los pinos.
Y arribamos así al Área Recreativa de O Xirimbao.
 Allí se localiza un importante coto pesquero y un puente colgante conocido como Pasarela Mariola que es la verdadera vedette del momento.
La admiramos ya desde abajo y también nos atrevemos a cruzarla.
La verdad que son unos minutos que realmente impresionan con la pasarela bamboleándose a cada avance de los caminantes y las frías aguas allá abajo.
Una vez en la otra orilla no nos perdemos el espectáculo del Ulla.
Pero en la ruta descubriremos así mismo casas rurales de piedra destacando El Pazo De Maíndo.
Con escudo en sus paredes y un descuidado hórreo en su jardín.
De lejos divisamos la estilizada figura de La Iglesia de Santa María de Couso.
Y allá que nos acercamos.
Antes de llegar a su atrio nos dimos de bruces con este lavadero que, aunque en desuso, nos mostró toda su belleza de antaño.
También nos acercamos hasta el solitario enclave de este precioso cruceiro.
Y ya nos dirigimos a reencontrarnos con El Ulla. El sendero que nos conducía a él se encontraba tapizado por una alfombra de hierba verde.
Y nos obsequió con algún que otro alcornoque.
No podía faltar en una ruta fluvial el consabido molino. Estos días nos tuvimos que contentar con contemplarlo de lejos pues las aguas del río anegaban las tierras circundantes.
Lo que más nos gustó fue el río en si. Encontrarlo tan pleno de vida, tan ruidoso, tan bonito...
Dejándonos llevar por estrechos senderos desde los que teníamos el agua al alcance de la mano. 
Nuestro paseo tocaba a su fin y allá nos esperaba pacientemente El Puente de Pontevea.
Con sus arcos de bóvedas ojivales viendo pasar las misteriosas aguas del Ulla.
Y marcando presencia imponente en una ruta cortita que sin duda deja un recuerdo entrañable en los senderistas.
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