lunes, 9 de mayo de 2016

Molinos Del Río Da Chanca, Armenteira Y Alto De Fontefría

Este último domingo los senderistas del Blog Grupo de Andainas Rías Baixas estuvimos pateando por tierras de Meaño Y Meis.
Inicialmente comenzamos siguiendo la conocida como “Ruta do Río Chanca” al ser las aguas de este regato las que bañan practicamente todo su recorrido.
Si bien empezamos nuestra caminata al pie mismo de la bonita Iglesia de San Juan Bautista.
Como sabéis pertenece al estilo románico. En los aleros del tejado encontramos dos curiosas y variadas retahílas de canecillos antropomórficos que constituyen una de las mejores muestras del románico. 
¡Y fijaos qué joya de hórreo se encuentra a su vera! ¡Pena que nadie ponga remedio a su evidente decadencia! 
Volviendo a la ruta por El  Río Chanca decir que simplemente es espectacular. A cada paso que damos van saliendo a nuestro encuentro figuras de molinos y más molinos.
Algunos restaurados, haciendo función de lugar de ocio y entretenimiento.
Reconvertidos para viviendas.
Algunos en solitario.
Otros formando dúos, tríos…
Y algunos en ruínas, aunque mostrando el poderío y la fuerza de lo que fueron antaño.
Pero siempre en lugares de gran belleza natural.
La senda, aunque va ascendiendo ligeramente, es muy fácil de caminar facilitado por el cuidado entorno.
Nos vamos encontrando multitud de árboles propios de ribera.
Pero también nos vimos gratamente sorprendidos por la abundancia de árboles frutales como manzanos, cerezos, castaños… e incluso limoneros que esta mañana impregnaban la atmósfera con olor a azahar.
Y como estamos en una de las cunas del albariño también hay veces en que nos vemos rodeados de viñas y parras de esta variedad.
El caminante va alternando de orilla al caminar y lo hace por elegantes puentes o pasarelas de madera.
O también por rústicos pontones de piedra.
Durante la ruta son varios los lavaderos que nos vamos encontrando, mudos testigos de las agudas conversaciones habidas entre sus paredes en un pasado no muy lejano.
Y qué decir de las fuentes ¡a cual más bonita!
También hay una rica muestra de hórreos, casas de piedra y cruceiros.
Sin olvidarnos de las iglesias, pues a la ya mencionada de San Juan unimos la visita a La Iglesia de Santa María de Simes, de construcción también románica y a la que accedemos a través de una escalinata.
Y así pián, pianito, vamos llegando hasta el espléndido y cisterciense Monasterio de Santa María de Armenteira.
Fantástica muestra del estilo monacal gallego y del cual ya hemos hablado muchas veces aquí en el Blog y que no nos cansamos de admirar.
A partir de aquí iniciamos una ligera ascensión hasta El Alto de Fontefría desde donde podemos contemplar unas magníficas vistas que abarcan desde La Isla de Ons, La Isla de A Toxa, La Isla de Arosa y todo lo que se encuentra entre ellas y a su alrededor.
Y zigzagueando por el monte vamos descendiendo hasta nuestro punto de inicio y también final. Ya en zona urbana continuamos admirando la arquitectura de la zona y La Quinta y Capilla de San Amaro.
Y terminamos la caminata con un buen sabor de boca por haber podido disfrutar una vez más de los encantos de nuestros gallegos recantos.
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lunes, 2 de mayo de 2016

En El Paraíso: Islas Cíes Y Playa De Rodas

Este domingo los senderistas del Blog Grupo de Andainas Rías Baixas nos fuimos a conocer este lugar paradisíaco.
En donde se encuentra la que en su día fue considerada la playa más bonita del mundo.
Como ya os habréis dado cuenta se trata de nuestras maravillosas Islas Cíes.
Nada más bajar del catamarán que nos traslada hasta allí ya nos damos de bruces con ese regalo de la naturaleza de finísima arena que es La Playa de Rodas.
El día estaba soleado y con buena temperatura, lo que invitaba a quedarse en el blanco arenal pero resistimos la tentación y nos dirigimos a explorar las dos islas sobre las que se puede caminar.
Así, en La Isla Norte o de Monteagudo, llegamos hasta El Alto del Príncipe, un promontorio que se erige como un auténtico mirador desde el que poder contemplar toda la inmensidad del océano, La Isla del Medio o del Faro y la tercera, La Isla de San Martiño.
Y si os acercáis hasta allí no dejéis de sentaros en la “silla da raíña” un saliente rocoso, verdadero trono, para unas vistas auténticamente dignas de la realeza.
De allí nos dirigimos hacia la otra punta de la isla en donde se encuentra El Faro do Peito y La Furna de Monteagudo en donde continuamos disfrutando de toda la belleza reinante.
Nos llama la atención el color que presentan las rocas en esta parte de la senda, con el amarilleo de los líquenes dominándolo todo.
Es primavera y los campos que nos rodean están exultantes de flores variadas que lo impregnan todo con su presencia colorida.
El senderista camina con los ojos atentos a todo el espectáculo paisajístico, todo ello facilitado por un camino fácil de andar que a veces se vuelve verde, verde que te quiero verde… 
De Faro do Peito iniciamos el regreso hasta La Playa de Rodas, siempre con el mar como compañero de caminata. Un mar en cuyas aguas el sol rielaba a placer y en donde el verde se juntaba con el azul en una simbiosis perfecta.
No dejamos atrás La Playa de Figueiras sobre cuya finísima arena dejamos la clara impresión de nuestras huellas haciendo contraste con la transparencia y quietud de sus aguas.
De nuevo la tentación surgió de tender la toalla y quedarse de relax en la playa más bonita del mundo.
Pero no fue así y nos decidimos a atravesar el paso que sobre el llamado Lago dos Nenos, verdadero acuario natural, nos conducía a la segunda isla.
Allí visitamos lo que parecían los restos de una capilla pero que no estaban identificados por eso no lo afirmamos categóricamente.
Desde allí continuábamos sintiendo la llamada incesante del arenal de La Playa de Rodas sobre nuestros sentidos.
Y veíamos las siluetas lejanas de los veleros regateando en el sosiego de las aguas azul turquesa.
El mismo sosiego que encontramos en las diversas calas por las que vamos pasando. En la arena, cuerpos tendidos al sol, y en el agua, barcos reposando de su actividad.
Nuestros pasos nos llevan ahora hasta el paraje en donde se encuentra La Pedra da Campá con un hueco producido por la erosión constante del mar sobre ella y que parece hecho para colgar el badajo de una campana. Seguro que en días ventosos se escuchará el ulular del viento pasando a su través. 
Y no os perdáis el observatorio de aves que se encuentra algo más adelante. Es una auténtica atalaya sobre las islas. Desde allí se pueden contemplar a la perfección los acantilados cayendo en picado sobre el océano.
Contrastando con la apacible imagen del lado contrario.
Y sin más dilación dirigimos nuestro caminar hacia otro de los rincones emblemáticos de la Isla, aquel en donde se encuentra El Faro de Cíes y que ya íbamos avistando desde diversos puntos, allá arriba, sublime en su pedestal zigzagueante. 
Como también visitamos la blanquiazul figura del Faro da Porta vigilando la cercana  isla de San Martiño. 
De regreso continuamos deslumbrándonos a cada paso, tantos que no os los podemos contar todos, sólo unos cuantos, como por ejemplo este momento en La Playa de Nosa Señora.
Por todo esto y mucho más que se quedó en el tintero, pero que podéis ver en el álbum de fotos, es un lugar que os recomendamos y al que prometemos volver muy pronto.
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