Desde el lugar de A Eiroa hasta Pontecaldelas.
Pero aquí tenéis el diseño de la ruta en Google Earth.
Comenzamos el
paseo junto al edifício de la Sociedad de Instrução e Recreio de
Carreço y nos dispusimos a recorrer
los 19 km que en gran parte coinciden con el denominado "trilho da
Chão" pero con alguna ligera variación.
Tocó hacer un poco más de
esfuerzo, subiendo a través de helechos, charcos y tojos, hasta alcanzar el marco geodésico del Talefe o “Gurita de Couço” que señala el punto más alto de
la Sierra de Santa Lucía, 550
m. Claro que, con el día tal y como estaba, no tuvimos recompensa
y nos perdimos las vistas que desde allí se ofrecen al caminante con otra
climatología diferente. Aún así el ánimo no decaía en el grupo ni por asomo.
Y así, acompañados por el
estruendo del mar, que escuchábamos pero no veíamos, llegamos al final del
recorrido en el mismo punto en que lo iniciamos y en donde nuestros
amigos de VianaTrilhos tenían todo preparado para la celebración del tradicional
magosto.
Dicen los lingüistas que Donón es una
palabra de origen celta que significa “recinto de piedra” y que Facho quiere
decir pues eso: faro, linterna... Aludiendo dicho topónimo a una iluminación o
faro que pudo existir en el lugar en tiempos remotos.
El Monte Facho,
está situado a 184 metros
sobre el nivel del mar dominando toda la Costa Da Vela, también llamada Soavela.
Es lugar de una gran belleza y que tanto por el
paradisíaco aspecto de sus playas, miradores y acantilados, como por las numerosas
especies que esconde, ha sido declarado LIC (Lugar de Interés
Comunitario).
Además, desde el
monte, la visión es impresionante y podremos disfrutar de unas de las mejores
vistas de la costa de toda la provincia, además de una naturaleza digna de admirar:
La Ría de Vigo con todos los pueblos situados en sus orillas, acantilados, las islas Cíes, la isla de Ons,
bosques, playas, faros...
Desde allí ascendimos la calzada
que lleva hasta la cumbre de O Facho para extasiarnos contemplando, además de
los restos arquitectónicos de épocas pasadas, todo lo que nuestra idílica naturaleza ofrecía
ante nosotros.
Una vez descendimos
del monte nos dirigimos hacia la izquierda para realizar una ruta circular que
nos llevaría de nuevo al punto de inicio. (La ruta tal y como nosotros la
realizamos no está señalizada, aunque a veces coincide con alguna senda ya
marcada, pero difiere en muchos puntos, por eso sería recomendable el uso del
GPS.)
Y tras un periplo
por terrenos más o menos boscosos en donde se divisaba la silueta de algún
cazador, nuestros pasos nos llevaron a través de un pinar de ribera que casi
toca el mar, hasta la playa de Barra con
sus características dunas.
Desde ella ya
divisábamos el siguiente punto de nuestro destino: el inconfundible faro rojo de Punta Robaleira de una sola planta, por lo tanto de menor altura que el
anterior.
Y ya por fin, pian,
pianito, y por un sendero que tomamos a mano izquierda fuimos sendereando hasta
la hermosa escultura de La Caracola que todavía continúa allí, plantada al pie del
mar tratando de escuchar los múltiples sones que de él provienen.
Os aconsejo
realizarla con cielo despejado para no perderos las vistas que desde lo alto se
ofrecen al caminante.
Señalar también
que los senderistas se sienten acompañados por el estruendoso rugido del río Verdugo en gran parte del recorrido. Ayer bajaba espectacular.
Si hacéis el
recorrido ahora en otoño también podéis aprovechar para recoger unas
sabrosísimas castañas cerca de la central hidroeléctrica. No paséis por alto un antiguo molino justo al pie del río.
En ese lugar y algo más adelante disponemos de
varios miradores desde donde poder admirar preciosas vistas sobre la
ensenada de San Simón y la Ría de Vigo.
Allí nos relajamos contemplando las
lagunas existentes y en donde algunas grullas despistadas buscaban
apaciblemente su almuerzo.
Asimismo admiramos la firmeza de las ruínas de las
antiguas casas donde antaño se elaboraba la sal. Al lado de las mismas también encontramos
la boca de unas antiguas minas.
y, dando la vuelta,
continuamos por orilla mar disfrutando de las Islas Alvedosas, allí casi al
alcance de nuestra mano y del Monte de La Peneda allí vigilando en lo alto.