lunes, 8 de diciembre de 2014

Domaio: Molinos Río Da Freixa, Monte Faro, Chan Da Arquiña Y Poza Da Moura

Dicen que en Domaio vivió un mouro que tenía una hija muy guapa. Ella tenía amores con un campesino y se veían en las cercanías de esta poza:
El padre, contrario al amor de los dos jóvenes, mató al muchacho y ella, desolada, se tiró al agua de la que a partir de entonces se conocería como A Poza da Moura.
Ya hacía tiempo que queríamos conocer este lugar mágico, y,  para ello, los senderistas del Blog Grupo de Andainas Rías Baixas nos acercamos hasta Domaio para presentaros una ruta que además os llevará a conocer muchos de los tesoros escondidos en este rincón del concello de Moaña.
Iniciamos nuestra caminata recorriendo el paseo marítimo de Domaio y nos encaminamos hacia el Rego da Freixa. Hemos de decir que el inicio, en unos pocos metros, es algo desolador, con mucha maleza impidiendo el paso del caminante.
Pero vosotros que nos leéis ya sabéis que no nos desanimamos fácilmente y conseguimos abrirnos camino y llegamos sin novedad hasta La Capilla de San Benito desde donde ya se puede admirar una bonita vista de La Ría de Vigo.
Y ya a partir de ahí simplemente es disponerse a disfrutar plenamente de todo lo que nos rodea. A nuestro paso van saliendo innumerables molinos, reciamente resistiendo los envites del paso del tiempo, en unos parajes plenos de belleza y encanto.
El regato baja ruidosamente para llevar sus dulces aguas a juntarse con las saladas que las esperan muy cerca, y a su paso nos va dejando maravilla tras maravilla en forma de rugientes y vistosas cascadas que encandilan al caminante.
Hay momentos en que se juntan además de la naturaleza en pleno esplendor, viejos pontones de madera, molinos y cascadas haciendo que el senderista no sepa a dónde dirigir la vista delante de tanto espectáculo como se presenta ante sus ojos.
Y ya nos dirigimos hasta la cumbre de la ruta: El Monte Faro de Domaio. En nuestro caminar disponemos de distintos miradores desde donde echar una ojeada a Moaña que queda allá abajo, a la ría de Vigo y mucho más, avistando incluso allá en la lejanía la inconfundible silueta de las Islas Cíes.
Ya en el Faro, con El Puente de Rande como testigo de nuestras andanzas, contemplamos a vista de pájaro todo lo que antes veíamos y permanecemos un rato admirando el horizonte.
Y los pasos de los senderistas los llevan ahora hasta otro lugar mágico: Chan da Arquiña.
Ahora en otoño alfombrado su suelo de mullidas hojas y mostrando al visitante diferentes vestigios de la presencia de nuestros ancestros en estos parajes.
Y ya toca ir descendiendo y lo hacemos por un camino lateral al campo de Golf de Domaio en donde algunos jugadores aprovechan el día de ocio para dar unos cuantos golpes.
Y por fin llegamos al lugar en donde en las noches de San Juan dicen que se aparece y se puede oír cantar a la muchacha de largos cabellos que por amor se arrojó allí, a la Poza da Moura.
Y realmente que merece la pena acercarnos hasta ese lugar en donde El regato Miñouva forma un embalsamiento natural y se precipita montaña abajo en una cascada espectacular.
Es la Poza da Moura en donde los caminantes permanecen un tiempo contemplándola y también admirando el fantástico paisaje que se extiende más allá del horizonte, con nuevas vistas del puente de Rande, la ría de Vigo y más allá…
Y acompañando a la poza, las siluetas de seculares molinos allí presentes, componen un escenario perfecto para la historia que nos cuenta la leyenda.
Y ya el caminante regresa al punto de inicio, acompañado por las aguas del regato, más molinos en sus riberas, algún hórreo y algún cruceiro poniendo la nota religiosa, con el broche de La Iglesia de San Pedro.
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